MAM (Miguel Ángel Molina)

[háptico]* 25 Febrero - 4 Abril

Nota de prensa y C.V.
Vista de la exposición. Sala superior
Vista de la exposición. Sala superior
Vista de la exposición. Sala superior
Vista de la exposición. Sala superior
Vista de la exposición. Sala inferior
Vista de la exposición. Sala inferior
Vista de la exposición. Sala inferior
Vista de la exposición. Sala inferior
Vista de la exposición. Sala Inferior
Vista de la exposición. Sala Inferior

 

"Esta es una primera exposición en Trinta que supone, además, un reencuentro con España. Salí de Madrid a finales de los ochenta en un momento en el que la situación plástica respondía a la de un país que se había instalado en la postmodernidad sin haber vivido la modernidad. Cuando terminé la carrera de Bellas Artes el neoexpresionismo alemán y la transvarguardia italiana eran las referencias básicas que  alimentaban las conciencias de los artistas jóvenes que habían decidido dedicarse a la pintura. Yo era uno de ellos. Los años que recorrían las tres décadas fundamentales del arte contemporáneo entre los cincuenta y los setenta no habían dado cabida en nuestro país a la renovación que se había vivido fuera.  Quería salir y ver qué más pasaba. "

"Lo que era un viaje con una beca a París se convirtió en un nuevo proyecto de vida. En Francia, el panorama artístico era muy diferente: se trabajaba de manera habitual con el vídeo o la fotografía; la pintura se consideraba algo pasado  a lo que se le había puesto final de una manera muy dogmática.  Estaba completamente desprestigiada en función  de la desvirtuación a la que había sucumbido como objeto meramente comercial, como decoración. Es el  momento  en que estalla la primera Guerra del  del Golfo. Ello  provoca el cierre de numerosas galerías , entre ellas, la mía de España con la que seguía en contacto profesional desde Francia. Tengo que comenzar  a trabajar sin objetivo, experimento, hago pruebas y trabajo con nuevos materiales. Para mí supone un cuestionamiento de la pintura tradicional.”

“ La cultura francesa hace que mi trabajo sea más teórico."

"Pintaba cuadros que me disgustaban y que rascaba constantemente acumulando los restos de pintura en un cajón de madera. Cuando la caja estuvo llena, un día quité las maderas de los laterales y descubrí un volumen de cinco quilos de peso que dejaba a la vista innumerables estratos de pintura. Eran cinco quilos de óleo que no eran un cuadro, pero eran pintura a pesar de no ser tampoco una imagen. El cajón estaba lleno de errores acumulados, de fracasos.  Comienzo a usar el sistema industrial de envasado  al vacío aplicándolo a la pintura  lo cual me permite realizar piezas reversibles, volumétricas, que se pueden pesar. Y recordando un pensamiento de Donald Judd, construyo, de repente, mi propio silogismo: si el espacio real son las tres dimensiones y la pintura es real, la pintura tiene tres dimensiones."

"En este terreno me muevo durante mucho tiempo yo solo. Hablamos de años previos a 1997. Mi interés se centra en la pintura que tiene la mala suerte de caer fuera. Recordando la imagen de Jackson Pollock inclinado sobre un gran lienzo al que va salpicando de colores, lo que me atrae consiste en  la imagen que resulta al retirar la tela (que ahora sabemos acabará en el  MOMA) y rescatar las salpicaduras que se quedan hors champs."

"Al mismo tiempo fotografiaba todo lo que iba sucediendo en el taller y me sorprendía aunque las fotografías no tenían para mí entidad de obra, eran más bien un documento de trabajo. Poco a poco comienzo a provocar la mala suerte y necesito pintar cuadros que produzcan  pérdidas, basura; en el proceso me convierto en una especie de especialista de conseguir lo fallido, el error."

"Durante los últimos años he intentado trabajar sobre algo que me preocupaba y que tiene que ver con la manera en que percibimos la pintura. La misma distancia que nos ha hecho posible ver sus imágenes nos ha alejado de ella y de su naturaleza carnal."

"Naturalmente yo soy pintor y toco la pintura. Para mí forma parte de mi manera de entenderla, lo que de hecho en realidad no ocurre con el público al que le está habitualmente prohibido tocar las obras. Para llegar a este punto he debido fracasar deportivamente en numerosas ocasiones y ello durante años. Hasta tal punto que mi trabajo es el resultado del desarrollo de lo que yo llamaría una estética del fracaso."

"Háptico" es un neologismo del francés (haptique) así mismo del griego (haptein) que significa tocar. Por extensión, haptique es todo lo que concierne al sentido del tacto.

 

 

 

 

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